sábado, 25 de junio de 2016

Sobre Otto Morales Benítez

Documentos enviados, desde Riosucio Cadas, por Luis Javier Caicedo
Amigos:

En Riosucio son varios los mitos urbanos que se han tejido alrededor del nacimiento de Otto Morales Benítez, y poco se hace por confrontarlos con la realidad.
No es extraño que un visitante que recién llega a Riosucio se detenga a mirar la Biblioteca Municipal “Otto Morales Benítez” en la plaza de arriba, y que lo aborde un lugareño para contarle en medio de gran misterio, como se comparten los secretos propios de un rito iniciático, que don Otto no se llamaba “Otto” sino “Otón”, enfatizando: “Y juro por estos ojos que se han de comer la tierra que es verdad porque así está en la partida de bautismo”. Continúa diciendo que “ese ingrato ni siquiera es de Riosucio sino de Marmato”. Y concluye revelándole al ya desconcertado interlocutor que el 7 de agosto de 1819 como fecha de fundación de Riosucio fue un invento de Otto Morales, no tanto para vincular la fundación con la batalla de Boyacá, sino para hacerla coincidir con el día de su nacimiento, que también fue un 7 de agosto, pero de 1920.
Es muy difícil erradicar un mito, pero es de justicia analizarlos metódicamente, que es lo que aquí se intenta hacer, para ver qué tanto de verdad hay en este cotilleo callejero.

Los lectores excusarán que no acompañe esta nota con la fotografía de la partida de bautismo de Otón Julio Morales Benítez, pero es para que después no aparezca que del archivo de la Iglesia de San Sebastián se perdió un antiguo Libro de Bautismos y que el suscrito fue el último que lo consultó.
Cordial saludo,
luis javier caicedo


Casa natal de Otto Morales en Riosucio Caldas

Otto Morales y Jesús Helí Giraldo, Bogotá Octubre 7 de 2014

Pinceladas sobre la niñez del eminente estadista doctor Otto Morales Benítez

Por Antonio Cacua Prada

Numerario de las Academias Colombianas de Historia y de la Lengua y correspondiente de las Reales de España.


Domingo, 1 de febrero de 2015





INTRODUCCIÓN

Mis primeras palabras son de especial reconocimiento para los ilustres y distinguidos directivos y miembros de número de la Academia Caldense de Historia, por su invitación y elección a participar en este cenáculo, donde se rinde culto a la “narración y exposición de los acontecimientos pasados, dignos de memoria”, la cual tuve el alto honor de instalar en el año 2002, como Presidente en funciones de la Academia Colombiana de Historia, en el entonces Instituto Caldense de Cultura, dirigido por mi estimado y admirado colega el doctor Carlos Arboleda González. Permítanme agradecerle sus generosas palabras de presentación que reviven esos valores ahora tan escasos, de la gratitud y de la auténtica amistad.

Para cumplir con las normas estatutarias presento unos breves rasgos sobre el pueblo natal, los primeros años y algunos otros aspectos de uno de los más notables e ilustres colombianos, el doctor Otto Morales Benítez, Presidente Honorario de esta destacada Academia Caldense de Historia, y bien calificado por su guía y orientador, el doctor José Eliecer Zapata Bonilla, como el “Guionista de la cultura caldense”.

Con ellos quiero rendir un homenaje al gran Caldas, en uno de sus hombres más representativos a la ciudad de Riosucio, tan ligada con mis nativas breñas santandereanas; y al amigo de siempre, ejemplo de patriotismo, de cultura, de servicio, de dignidad y de carácter. Al filo de sus 94 años nada ha turbado su brillante vida en la diáfana sencillez de su espíritu selecto.

El historiador y ensayista inglés, Thomás Carlyle, afirmó que “la biografía es la única y verdadera historia. Una vida bien escrita es casi tan rara como una vida bien vivida”.

RIOSUCIO

La Patria empieza donde uno nace. “La Patria es todo, lo grande y lo pequeño, lo que pasa y lo que perdura, las realidades y los sueños...”.

Riosucio es ese amoroso poblado fundado en la explanada pegada al cerro granítico de 182 metros de altura, llamado por los indígenas “Ingrumá”, que significa “rocadura”. (1)

Perteneció la región a la Gobernación de Popayán creada por Emperador del mundo, don Carlos V, el 10 de marzo de 1540. Allí se formaron dos poblados: la Montaña y el importante centro minero, San Sebastián o Quiebralomo, presentándose una “lucha cruenta y violenta entre la tierra y el oro”. (2)

La Real Audiencia en 1727 envió al Oidor don Lesmes de Espinosa y Saravia, en calidad de visitador oficial a dirimir esas airadas luchas, pero estas persistieron por muchos años. (3)

En 1990 empecé a pergeñar la vida y milagros de mi admirado hombre de Estado, el doctor Otto. Cuando reuní la documentación pertinente le solicité a mi compañero el entonces Director del Instituto Caldense de Cultura, doctor Carlos Arboleda González, me acompañara al terruño donde se cumplió la natividad de mi futuro biografiado. Fue un viaje gratísimo e inolvidable.

Al regresar a Bogotá visité al renombrado personaje y le comenté que no había visto correr ningún río por su tierra natal.

Su respuesta fue resonante y espontánea... Su acreditada y reconocida carcajada, record Guinness, desestabilizó el silencio y la paz del Parque del Chicó, donde celebramos la cita. Cuando las vibraciones sonoras se extinguieron, musitó.

“Sí, sí, no tiene río... jájájá...”.

De inmediato arrancó con una emocionada descripción, cuyos ecos todavía escucho. Me contó que el Oidor español don Juan de Badillo, viajó en 1538, de Santo Domingo, hoy capital de la República Dominicana, a Cartagena de Indias, con el fin de investigar la conducta de su fundador don Pedro de Heredia. Allí fungió como Gobernador, pero en 1540 tuvo que huir. Lo acompañó el célebre cronista Pedro de Cieza de León. En su fuga llegaron al territorio de los Supías donde confluye la quebrada Imurrá, que en idioma indígena quiere decir “agua corriente”, con el rio Supía y lo encontraron tan embarrado, que lo denominaron río sucio, y se quedó Riosucio.

“Para quienes nacimos en ese rincón colombiano, rubricó el historiador Morales Benítez, su nombre Riosucio, es la síntesis de nuestros amores e ilumina nuestras vidas”. (4)

FUNDACIÓN DE RIOSUCIO

Un buen día llegó a esa comarca, el sacerdote José Bonifacio Bonafont, oriundo de la ciudad de El Socorro, en el actual Departamento de Santander, en calidad de desterrado, nada menos que por patriota.

El curita era “bajo de cuerpo, bien conformado, con ojos azules de sorprendente vivacidad”. (5)

Nació en la villa comunera el año de 1757, hijo de don Carlos Bonafont, de los reinos de España y doña Javiera Maldonado de la Zerda, también de ascendencia española.

Cumplida la edad escolar ingresó a la Universidad Tomística, en Santafé de Bogotá. (6)

En esto ocurrió la revolución de los Comuneros y resolvió ingresar a la milicia. Pero esta profesión no le agradó.

Pasó entonces al Seminario y se hizo sacerdote. Se ordenó en la capital del Virreinato, posiblemente en 1800.

En 1808 el padre Bonafont era el cura de la población de El Palmar cercana al Socorro. Junto con sus hermanos y familiares se manifestaron entusiastas patriotas y contribuyeron al nuevo régimen republicano a partir del 10 de julio de 1810.

Durante la primera guerra civil entre Centralistas y Federalistas figuró entre los segundos y por esta posición le quitaron el curato y lo expatriaron de la provincia. Eso motivo su partida al Valle del Cauca. (7)

A principios de 1814 lo designaron coadjutor en la Villa de Anserma y el 30 de agosto del mismo año, párroco del pueblo llamado La Montaña. (8)

En la otra aldea, Quiebralomo o San Sebastián, estaba el presbítero José Ramón Bueno.

Los dos clérigos José Bonafont y José Bueno, se empeñaron en fusionar los vecindarios que regentaban y buscaron el sitio preciso para hacer la fundación. La realizaron el sábado 7 de agosto de 1819, con el nombre de Riosucio.

Esto ocurrió mientras las tropas patriotas comandadas por los Generales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, se cubrían de gloria en el Puente de Boyacá y sellaban la independencia de la Nueva Granada. (9)

NACIMIENTO Y BAUTIZO DE OTTICO

Cien años después, el domingo 7 de agosto de 1920 nació un bebecito, en la Parroquia de San Sebastián de Riosucio, hijo legítimo de don Olimpo Morales y doña María Luisa Benítez.

El bautizo del niño se cumplió el Domingo 22 de Agosto de 1920, en la pila bautismal de la hermosa Iglesia de San Sebastián de Riosucio, hecha de ladrillo y madera y se levanta, calle de por medio, con la casa de los Morales Benítez. Luce una bella espadaña con tres puertas y tres ventanas, simbólicas del misterio de la Santísima Trinidad. En el interior tiene un elegante y curioso balcón que circunda la nave central. El sacramento lo ofició el Presbítero Gonzalo Uribe V. y le impuso el nombre de Otón Julio. (10)

Don Olimpo al escoger el nombre de su segundo hijo lo buscó entre cinco emperadores de Alemania, y le agregó Julio, en homenaje al abuelo materno, don Julio Benítez. Con el tiempo el joven prefirió llamarse OTTO, en memoria del gran filósofo e historiador alemán Rudolf Otto.

Sobre su nombre nos refirió el hijo epónimo de Riosucio, con un poco de sonreída ironía: “Los caldenses tienen la manía de utilizar y colocar nombres extraños, y una marcada tendencia de ponerles a sus hijos los más estrambóticos. Como mi papá negociaba en pieles y las despachaba para Alemania, por el puerto de Hamburgo, algún Otón le debió dar a ganar mucha plata y entonces se entusiasmó y para que yo tuviera buena suerte me puso ese nombre”. Y agregó: “En Riosucio hay muchos nombres clásicos regionales, como por ejemplo: Olimpo, Tiberio, Teopisto, Habacuc, Proceso, precedidos siempre por el ‘don’”. (11)

Relatan las crónicas parroquiales, que cuando el sacerdote bautizó a Otoncito, al ponerle la sal en la lengua y derramarle el agua en su cabecita, el nenecito no lloró sino soltó sonoras y regias carcajadas. Esto lo atestiguaron sus padrinos don Samuel Restrepo, de Medellín y doña Laura Castro de Riosucio. Ha sido un caso único en la historia.

CURIOSIDADES RIOSUCEÑAS

En 1825 llegaron hasta Riosucio, el sabio francés Juan Bautista José Diosdadó Boussingault, acompañado por el médico y pintor Francisco Desiré Roulin, y el ingeniero inglés E. Walker, enviados por el Vicepresidente de la República, General Francisco de Paula Santander, para estudiar las minas de Marmato y la Vega de Supía.

Veintidós años tenía Boussingault, cuando arribó a Santafé de Bogotá en 1824. Había nacido el 2 de febrero de 1802, en París. A los 80 años escribió sus “memorias”, las cuales fueron publicadas en la capital francesa, en 1903, dieciséis años después de su muerte, ocurrida el 11 de Mayo de 1887, en su ciudad natal.

El irreverente francés cuenta en su escrito sobre su arribo a Riosucio: “El cura de Riosucio nos dio la bienvenida con una gran comida que se sirvió en Quiebralomo... La cena fue pantagruélica... Lo que sirvieron fue grandioso: se comenzó por “ollas podridas” (pucheros) excelentes, pero que nos hicieron sonreír porque para servirlos utilizaron vasos de noche de porcelana de Wegwood a manera de soperas, los cuales estaban “vírgenes” porque se ignoraba su legítimo destino”.

“Un domingo, me invitó a asistir a una misa, en mi calidad de católico, lo cual poco me interesaba; insistió y para serle agradable, acepté. Una vez más asistí al servicio divino, pero declaré que prefería quedarme en mi casa; el cura no se molestó, solamente para lograr conciliar todo, me hizo esta aburrida sugerencia: “Don Juan, no tendrá que volver a misa, pero para hacer un acto de buen católico, ¡hágame el favor de tocar la campana para llamar a los fieles! “.

“Todas las veces que yo estuve en Riosucio en domingo, nunca fallé en mis funciones de campanero...”

“Aun cuando las burlas de Walker y Roulin no faltaban, yo campaneaba de todas maneras “. “Me había vuelto muy popular como campanero “.

SUELTE AL SANTO

En otro aparte relató:

“El Padre Bonafont cuando estaba en mi casa, lo que más admiraba eran mis instrumentos: el teodolito, las brújulas, el sextante, el barómetro y los termómetros. Fue muy grande su sorpresa cuando le dije –mostrándole el higrómetro de Saussure– que el cabello que veía indicaba la cantidad de humedad contenida en el aire y que según que se alargara más o menos, podía servir para pronosticar lluvia o buen tiempo “.

“A pocos días después vino el sacerdote y un tanto embarazado me preguntó qué decían mis instrumentos en cuanto al tiempo. Al fin terminó por confesarme que había un verano muy perjudicial a los cultivos, y que los feligreses insistían porque se hicieran rogativas y procesiones a fin de obtener benéficas lluvias. El buen cura agregó: ‘Mi iglesia está bajo la protección de San Sebastián y nada me sería tan grato como pedirle aquello, si no temiera comprometer la reputación del Santo’”.

El Padre Bonafont, que creía en la poderosa intercesión del Santo, pero con la debida moderación, venía todos los días a preguntarme por lo que rezaba el barómetro, y si se debía sacar a San Sebastián; mi respuesta debía subordinarse a las indicaciones del higrómetro. En fin, un día, famoso por cierto para la gloria del patrono de la iglesia de Riosucio, mi respuesta fue: “Suelte el Santo”. En seguida se organizó una rogativa, la imagen de San Sebastián, un espantoso mamarracho, fue paseada durante una hora y, después de medio día, un trueno anunció la tempestad”.

“Desde entonces, cada vez que se reclamaban procesiones, para pedir lluvias o verano, el cura no dejaba de consultarme, diciéndome con aire socarrón: ‘Don Juan, ¿podemos sacar a San Sebastián?’ Mi respuesta dependía del estado higrométrico de la atmósfera”.

UN BURRO REPRODUCTOR

Pero lo más simpático que el parisino Boussingault anotó, es lo siguiente:

“El curato de mi viejo amigo, el padrecito tenía 68 años, visto en conjunto era muy pobre; no recibía nada o casi nada y en cambio daba mucho y me tomó bastante tiempo descubrir de donde provenían sus recursos”.

“De todas las empresas que había ensayado el Padre Bonafont, solamente una sola había tenido verdadero éxito: ¡pero éxito completo! Era el mantenimiento de un burro reproductor, cuyo oficio era criar mulos. El animal, de horrible aspecto, de larga y costrosa pelambre, ocupaba un cercado en un abundante prado, a donde se le llevaban las yeguas que debía cubrir. El animal era infatigable, y cuando vacilaba, se le administraban unos garrotazos, después de lo cual empezaba una carrera desenfrenada entre la yegua que huía y el asno que la perseguía. ¡Qué de patadas recibía el asno antes de lograr su victoria! Su cuerpo estaba lleno de cicatrices”.

“El cura recibía un peso (5 francos) por cada proeza del asno, y en los momentos felices, cuando se le daba maíz, producía hasta 12 pesos al día, lo cual era todo para los pobres”.

“Hoy en día, cuando al recoger la limosna en las iglesias de París, el sacerdote me tiende su bolsa diciéndome: “Para los pobres, para los gastos del culto”, no puedo menos de pensar en el asno del cura de Riosucio”.


Hasta aquí la parte pertinente al Capítulo XIV de las “Memorias” de Juan Bautista José Diosdadó Boussingault, sobre su permanencia en Riosucio.

En 1827 volvió Boussingault a Riosucio después de haber hecho durante varios meses algunos estudios que le había encomendado el Gobierno en otras regiones. Sobre el particular dice en el Capítulo XV de sus “Memorias”:

“A las tres llegué a Riosucio de Ingrumá. Fui a casa de mi amigo, el cura Bonafont, quien se apresuró a poner en el asador un estupendo pavo y a hacerme beber, tan pronto como llegué, de un solo trago el vino de una decena de misas. Reasumí mis funciones de campanero; nada había cambiado. Admiré el soberbio burro reproductor, un poco más embarrado y sucio y despeinado que nunca, de cuya industria erótica venían los pesos que cubrían ampliamente las necesidades del culto y el mantenimiento de la clerecía “.
Y como decía la criolla Manuela, el ama de llaves del santo levita, más conocida como “la maicera”, mostrándome el animal en pleno trabajo: “¡Ah, si nuestros maridos tuvieran ese ímpetu!”. (12)

LOS MORALES BENÍTEZ

En esa población, de tan enjundiosos relatos, fundada por el santo sacerdote socorrano, quien falleció en 1845, a los 88 años, sentó sus reales don José Olimpo Morales, después de contraer matrimonio en Medellín, en 1914, con doña María Luisa Benítez.

Don Olimpo adquirió una confortable casa de dos pisos, en la calle 9 Número 4- 47, frente a la nave izquierda del hermoso templo parroquial de San Sebastián, en el floreciente Distrito de Riosucio.

Seis hijos alegraron el hogar de los Morales Benítez: Olimpo, 1918; Otto, 1920; William, 1922; Ligia, 1925; Omar, 1928 y Armando, 1929. (13)

Para el segundo vástago de los Morales Benítez, el personaje de mayor admiración en su vida fue su papá, don José Olimpo. Con verdadera emoción reverencial se refiriere a él en todas sus charlas y escritos:

“Don Olimpo Morales, mi padre, nació en Riosucio, se formó en Marmato y pasó el final de sus años en Manizales”.

“Doña Luisa, mi mamá, fue la gran compañera del combatiente. Papá la conoció en Medellín, donde había nacido. Los Benítez tenían larga tradición de abogados en la familia. Miguel Ángel Osorio Benítez, el gran poeta Porfirio Barba-Jacob, era de esa misma línea sanguínea. Mis abuelos vivieron en Fredonia. Allí tenía establecimientos agropecuarios el General, escritor y orador, Rafael Uribe Uribe. A la casa de ellos llegaba este hombre de tanta influencia en el país y sus diálogos eran largos sobre temas de libros y problemas nacionales. Además mi abuela Adela era mujer con vocación por las letras. Con su esposo, durante el noviazgo, siempre se escribieron las cartas de amor en verso. Ella fue conversadora de muchos dones como lo recordaban quienes la conocieron”. (14)

LOS MAESTROS

La primera maestra del niño Otto fue doña Luisa Benítez. Ella le enseñó a escribir y a vocalizar las letras del alfabeto. También le inculcó la devoción por la lectura, la literatura y la poesía. Por las tardes les leía a sus hijos, todos sentados a su alrededor, cuentos, novelas y versos.

Cuando el angelito cumplió los siete años lo matricularon en la Escuela Pública de Riosucio, donde cursó la primaria, en unas bancas largas de guayacán sin pulimento. Sus institutores, a quienes recuerda con especial cariño, fueron: Don Daniel Montoya, don Antonio Álvarez, don Abel Zuluaga, don Joaquín Emilio Gallego, don Roberto Arango Botero y don Bernardo Martínez Valencia. Allí lo prepararon para la Primera Comunión.

Por los años de 1930 el único plantel que existía en Riosucio era el Colegio Municipal de Varones, fundado por el poeta y autor del himno comarcano, don Simón Santacoloma. Este instituto solo tuvo hasta tercer año de bachillerato.

Cuando el niño Otto recibió con honores el certificado de quinto de escuela primaria, don Olimpo lo matriculó en el Colegio de Varones.

Estos son sus recuerdos:

“Los profesores de “mi colegio” brillaban en mi adolescencia con sus ademanes. Algunos tan apacibles que su ciencia emergía suave, evitando al máximo el rozar de la virginidad de nuestra ignorancia. Recuerdo mucho que quien nos enseñaba geografía lo hacía en verso y, por ello mi generación de paisanos, sabe más de las estrellas que de la tierra “.

“Nosotros somos de una generación provinciana donde la vela cumplía su misión de despejadora de sombras”.

Sus profesores fueron: los sacerdotes Francisco María Vélez, quien le enseñó dogmática y moral, y Juan Pablo Mejía, quien le dictó apologética. Don Daniel Montoya, lo preparó en gramática castellana, utilizando los textos de Bruño, Emiliano Isaza y Andrés Bello. Don Rafael Genaro Bueno, en forma muy sui generis porque lo hizo en verso, lo ilustró en geografía de Colombia. Don Edmundo Gärtner de la Cuesta, fue su maestro en Historia de Colombia, Historia Universal, Inglés y Francés. Algebra y geometría se la explicó el ingeniero graduado en París, Manuel Sánchez. En Literatura, lo inició don Antonio Álvarez. Don Alfonso Trejos Moreno, lo instruyó en Contabilidad. Don Luis Eduardo Palomino, lo capacitó en mecanografía. El rector, don Antonio Palacio Sánchez, le enseñó aritmética y don Manuel María Córdoba, sintaxis, según el libro de don Tomás Maya. Todos ellos formaron al hijo de don José Olimpo. (15)

OTTO CANTANTE

En forma jovial y muy animada, mi biografiado me comentó:

“Otro de los rasgos de la cultura en Riosucio es el canto. A mí, a los años, me asalta el recuerdo conmocionado, patético y desgarrador de lo que cantaba en las procesiones de la Semana Santa. Especialmente, siguiendo los pasos de cada estación del Señor, el tono era más inclinado a la angustia. Un aire de grave dolencia colectiva, nos sobrecogía a todos. Esto lo lograba el milagro de la entonación. Quienes se aglutinaban al lado de un órgano portátil, alzaban sus plegarias en cantos litúrgicos, que hacían estremecer la comunidad. Más tarde, esas mismas voces, interpretaban cantos de amor, de júbilo, de esperanza”.

– ¿Qué tal don Otto de cantor en las procesiones de Riosucio...?

FIESTAS POPULARES

Otto me hizo esta rumbosa reseña sobre las fiestas populares.

“En Riosucio tenemos dos tipos de fiestas diferentes, igualmente protegidas por el fervor comunitario. Están comprometidas con la raíz espiritual de nuestras gentes. Son el Carnaval de Riosucio y las que dedican a los Santos.

En el primero, hay un aire de paganía, que gobierna el júbilo, que es ancestral. Que tiene una vigencia en el alma de todos, confundida con el más remoto pasado. Es pego [fuego] encendido en hombres y mujeres. Es un torrente de vitalidad que se desparrama en cantos, afectos, ternuras, goces y proclamas. Se va desde el “decreto carnavalesco” hasta la “alborada”, donde cada quien busca manifestar su capacidad de comunicación humana, entrañable, dadora y recibidora de alegrías. Son los carnavales del Diablo bueno”. (16)

LA COCINA RIOSUCEÑA

La comida riosuceña ocupa sitio preferente y muy especial, en don Otto Morales Benítez, porque desde niño ha sido glotón y “mecatero”.

Siente un extremo placer cuando describe los días de mercado en Riosucio, los toldos y los puestos de comida en las ventas en las plazas de mercado. Se le reseca la garganta cuando habla de los “caldos con ‘ojos’ de manteca”, los fríjoles que le despertaban el apetito, por los aditamentos de trozos suculentos de cerdo. Las rellenas de círculos amplios y los chorizos. La “cena de gallina”. Los ajíes de rojo encendido. Las “arepas de mote”; los “refritos” y el “hogo”, combinación de tomates, cebollas, sal y pimienta.

“Entre los productos que deleitan el paladar están: el “Bizcochuelo, de las señoras Matilde y Teresa Trejos. Kumis de don Jesús Monsalve (El Parque). La chicha subidera, la “Jorcha”. Helados de Juan Manuel Obando y don Rafael Montoya, de nevera de petróleo. El algodón de dulce y manzanitas de coco de “Pisco Pando”. Los panderitos de don Rubén Palomino, los buñuelos de Martina Loaiza, las obleas de doña Blanca Tobón de Álvarez”.

“La chicha de las Palomino, la chicha casera de hojas de Santa María y limoncillo de Noé Bonilla. La chicha casera de Pachito Rueda. El gaucho dulce y los bombones de resistencia de don Lalo Serna. El guarapón de Higinio Guapacha. El pan aliñado muy especial de Claudina y Manuelito Largo. Las cucas caucanas y la panadería de don Joaquín Giraldo. Las gaseosas “La Garantía” del “mocho” Salomón González. Los chontaduros de las Estancias y de la vereda Barranquilla. Los ponqués de Evita y Luisita Betancur. El tinto de la “Cigarra” de Tobías Betancur”.

“No podemos olvidar también otras importantes viandas como: Los chorizos de Rita Uribe, los de Margarita Guapacha, los de Anita Marín y los de Matilde Muñoz. La rellena y el picao de las señoras Ercilia y Benicia Alcalde. Las cenas y tamales de Temilda y Merceditas García, envueltas en hojas de biao. El sancocho y la sopa de menudo de doña Luisa Ortiz en la galería; y la mazamorra de doña Telésfora Cañaveral”.

Con este menú ya quedamos comidos y cenados.

Las bebidas famosas para pasar los platos fuertes o seco, las encabezaba la chicha, hecha con limoncillo y hoja de “santamaría”. El sirope, una chicha de miel. El “guarapo” o champaña de efectos energéticos contundentes. El “calentillo”, bebida típica propia de la región, comúnmente llamada “aloja”. Y el “chontaduro”, el fruto de una palma, con poderes eróticos y vitales”. (17)

Por lo anterior Riosucio es todo un paraíso terrenal.

LAS HIJAS DE EVA

Ahora viene lo intemporal. Lo sublime.

“Las hijas de Eva de Riosucio tenían extraordinaria fama por su encanto, su porte y el mestizaje de su raza”, afirma y recuerda don Otto. Mi pueblo, Riosucio, tiene acentos muy peculiares. Goza de una personalidad cuajada de dones”.

“Había adolescentes preciosas. Nosotros íbamos a verlas. Siempre adornadas de una timidez arrobadora, superior. La de nosotros parecía torpeza. Tenían conciencia de que las admirábamos. Se asomaban y se escondían precipitadamente. Eran como ráfagas de luz amorosa.

De pronto se detuvo en sus recuerdos... me miró con cierta picardía... soltó una carcajada y continuó:

“En mi casa se tenía una pesebrera para las bestias. Era bellísimo ver la alegría animal cuando, en las largas canoas, se les ponía el alimento. Mi papá las amaba y esa vocación de amor la compartíamos. Un día que no olvido, enseñándonos sus virtudes y privilegios, dejó caer una enseñanza. Nos dijo a sus hijos:

“Nada igual a la amistad de las bestias. Ellas son leales. Pero no olviden: para viaje largo, como el matrimonio, que la mujer y la mula, sean de pata fina: que no resbalen...”

“También existía un sitio en el cual se ordeñaban las vacas. Siempre se tenía leche fresca”.

“Don Olimpo era dueño de dos pequeños potreros o mangas: “El Vergel” y el “Alto del Chocho”, que se alternaban, para que siempre las vaquitas pudieran comer pasto fresco y abundante. A mis hermanos y a mí nos gustaba acompañar al muchacho que atendía los animales, porque así podíamos montar en pelo, en las bestias, otra afición que nos ofrecía exquisita felicidad. Este privilegio se cumplía al desaparecer de la vista de mi padre”.

LA DESLUMBRANTE MARINA

“Al terminar el agradable potrero de pasto de micay, en la manga de “El Vergel”, había una pequeña y muy limpia casita, donde vivía una familia que tenía dos bellísimas hijas de nombres Marina y Julia.

Marinita era cercana a mi amistad. Era una rubia o mona deslumbrante: de hermosísimo rostro, con una cabellera blonda, abundante, con un copete primoroso que “caía para el lado de los sueños”. Su figura era escultural. No tenía una sola forma de su cuerpo que no fuera proporcionada y sensual.

Corríamos juntos, por la manga; recogíamos los frutos de los árboles que allí se tenían; conversábamos largos minutos al pie de un pozo donde ella recogía el agua para su casa. Sus movimientos eran de un suave y encantador ritmo. Tenía unas manos largas y suaves. Sus piernas espigaban en el encanto de un torneado armonioso. Su cuerpo de una riqueza carnal proporcionada para deslumbrar con sus movimientos.

No teníamos, ni ella ni yo, noticias de las dulzuras del amor y de los sacudimientos que nos puede producir, engolosinándonos”.

Afortunadamente para ella, anotamos. Y continuó:

“Fue una amistad de una austera renuncia a cualquier goce del privilegio de la cercanía de Marmita. Era lo que nos mantenía alelados, en esa edad incierta, aún, para el amor”.

Me queda el brillo de su melena cuando el sol le caía sobre la frente. La perfección de sus formas, las celebro, ahora en la lejanía de los años, sus hermosísimos pies, atravesando la pradera. Ellos caían sobre el pasto como una dulcísima caricia. Sus vestidos que eran hermosos de telas de colores, le daban más brillo a sus encantos arrebatadores.

Declaro que esa niña me inquietaba. Me gustaba su compañía. De mis parvísimos recursos, le compraba unos dulces que siempre celebraba que se los llevara. Cómo los gozaba en su boca que exhibía unos dientes blancos, bellísimos, con unos labios dóciles para el diálogo. Es hermoso este recuerdo de mi niñez.

Así empecé, con muchas limitaciones sensuales, a descubrir el milagro de la amistad con una niña. Son horas de arrobamiento las que viví al lado de Marina, gozoso de estar disfrutando del milagro de su presencia. ¡Qué ingenuidad en desconocimiento de las durezas y de los zumos de la vida!.

Me queda el encanto de cómo sus manos, para saltar los barrancos, se unían a las mías, sin estremecimientos. Pero en mi memoria, crece como un fulgor femenino, que siempre he buscado para que alumbre el camino de mí peregrinar.

Años después, en el discurrir humano, entendí lo grave y absurdo que es la inocencia. Esta, nos conduce a la abstinencia, sin deliberación, del amor”. (18)

Por lo visto, ¡ahora si le pesa! Para concluir este primer peregrinar del joven Otto Morales Benítez, por su querido Riosucio, vamos a referir un par de anécdotas sobre su “risa atómica”.

LA SONRISA DE MONALISA

El hijo de don Olimpo Morales, en la trágica división liberal de 1946 militó en las huestes del doctor Gabriel Turbay Abunader.

Perdidas las elecciones se realizó la unión y eligieron al doctor Jorge Eliécer Gaitán jefe único del partido. El Martes 1º de abril de 1947, se efectuó una reunión en Bogotá, con todos los jefes liberales. El Jueves 3, el representante a la Cámara por Manizales, recibió una llamada del doctor Gaitán para invitarlo a una manifestación en Cartagena de Indias.

Era el primer oficialista que el doctor Gaitán incorporaba a sus campañas.

El día del viaje, al encontrarse en el Aeropuerto le pidió que se sentara a su lado y mantuvieron una conversación muy grata. Al aterrizar le dijo: “En la Plaza de los Coches nos recibirá una manifestación, le pido que hable”. “Por fortuna tuve aplausos”. Remató el entonces parlamentario.

Y agregó:

“Como es elemental, nunca había estado con el doctor Gaitán en reuniones. Esa noche le ofrecieron un banquete. Los oferentes me colocaron en sitio destacado, cerca del jefe del liberalismo. Hubo discursos. Y, luego, el diálogo cordial. De pronto, largué la carcajada que siempre me ha distinguido. Gaitán me dijo con mucha cordialidad y simpatía.

– Doctor Morales Benítez ¿De dónde sacó esa sonrisa de Mona Lisa?

Ya la carcajada fue un estruendo, pues a la mía se unieron las de quienes escuchaban el diálogo”.

“Así comenzó mi relación con el doctor Gaitán, quien me invitó a nuevas correrías”. (19)

INSEMINACIÓN ARTIFICIAL

Cuando el doctor Otto ocupó el Ministerio de Agricultura, en el gobierno del Presidente Alberto Lleras Camargo, hizo unos cambios de secretarias y una de las trasladadas se sintió degradada y le pidió audiencia para protestarle en forma enardecida.

Al entrar en su despacho la recibió con gran delicadeza y se puso a sus órdenes. La señorita le dijo:

– Señor Ministro: Me han pasado de la secretaría de suelos a la de inseminación artificial, y a mí no me gusta eso...”

Al punto le respondió: “Señorita, a mí tampoco”. Y soltó su amplia y contagiosa carcajada, con lo cual quedó solucionado el disgusto.

LOS AMIGOS DEL ABUELITO

Por último este cuadro de inocencia infantil. Cuando el repúblico Otto Morales Benítez renunció a la Presidencia de la Comisión de Paz, en el gobierno de su amigo el Presidente Belisario Betancur, quienes más se alegraron fueron sus nietos, los hijos de Adelita, María Adelaida y Pedro Alejandro Löök Morales, porque no los había vuelto a invitar los fines de semana a comer pizza y a comprar helados.

Ellos vivían aterrados con todas las historias que le oían sobre los guerrilleros.

Un buen día la niña, le preguntó a su hermanito, quien apenas tenía ocho años:

– Alejo, ¿quiénes son los guerrilleros?

Pedro Alejandro, al rompe le respondió:

– Unos amigos que tiene el abuelito para conversar. (20)

Hoy podemos repetirle al insigne colombiano, el expresivo concepto del maestro Germán Arciniegas en su escrito del jueves 30 de Julio de 1998, con motivo del otorgamiento de la condecoración Andrés Bello, conferida por el Presidente de Venezuela, doctor Rafael Caldera, y la imposición de la misma en Bogotá por el Canciller doctor Miguel Ángel Bureli Rivas.

“Otto es la simpatía desnuda y espontánea y no hace nada por cálculo y figuración, sino con la espontaneidad de su espíritu generoso, patriótico y cordial. Otto es la sinceridad en voz alta. Aquí estamos acostumbrados a la desbordante personalidad de Otto. Cuando él ríe pone a vibrar a toda Colombia”. (21)

Parodiando a don Simón Santacoloma, autor del himno al Carnaval del Diablo, de Riosucio, rubricamos estas pinceladas en homenaje al académico don Otto Morales Benítez, con esta estrofa:

¡Salve, salve, placer de la vida!
Es tu risa una crema dental.
De Riosucio la tierra querida,
¡Eres timbre de gloria inmortal! (22)

CITAS

1.      Luis Guillermo Giraldo. Municipios Colombianos. Presidencia del Senado de la República. Bogotá. 1989. Pág. 118.
2.      Otto Morales Benítez. Estampa de Provincia. Purita Calvo y su historia de un pueblo. En “Atalayas desde el Ingrumá”. Págs. 22 y 23.
3.      Otto Morales Benítez. Atalayas desde el Ingrumá. Bogotá. Pág. 23.
4.      Otto Morales Benítez. Atalayas desde el Ingrumá. Bogotá. Pág. 24.
5.      Juan Bautista Boussingault. Memorias, tomo 2. Biblioteca V Centenario. Colcultura.Viajeros por Colombia. Editorial Presencia. Bogotá. 1994. Pág. 109.
6.      Archivo de la Nación. Sección Virreyes. Tomo 1. libro de Propinas de la Universidad Tomística. Folios 680 a 685. Notaria del Socorro. Protocolo de 1808.
7.      Horacio Rodríguez Plata. La Antigua Provincia del Socorro y la Independencia. Publicaciones Editoriales. Bogotá. 1963.
8.      Guillermo Duque Botero. Apuntes para la Historia del Clero en Caldas. Editorial Bedout. Medellín. 1957. Pág. 267.
9.      Horacio Rodríguez Plata. “José Bonifacio Bonafont. Prócer y Fundador de Riosucio (Caldas)”. En “Temas Históricos”. Ediciones Fondo Cultural Cafetero. Editorial Bedout. Medellín. 1978. Págs. 121 a 128.
10.  Diócesis de Pereira. Parroquia de San Sebastián. Riosucio. Caldas. Libro de Bautismos No. 49. Folio.77. No. 195. Partida de Bautismo de Otón Julio Morales Benítez.
11.  Otto Morales Benítez. Atalayas desde el Ingrumá. Estampa mínima de mi padre. Escuela “J. Olimpo Morales”.
12.  Juan Bautista Boussingault. Memorias, tomo 2. Biblioteca V Centenario. Colcultura.Viajeros por Colombia. Editorial Presencia. Bogotá. 1994. Capítulos XIV. Pág. 109 a 114. Capítulo XV. Pág. 176.
13.  Otto Morales Benítez. Atalayas desde el Ingrumá. Bogotá. Págs. 23 y 24.
14.  Otto Morales Benítez. Charlas y Recuerdos. Bogotá.
15.  Otto Morales Benítez. Atalayas desde el Ingrumá. Apuntes para la biografía de una generación provinciana.
16.  Otto Morales Benítez. Riosucio. Atalayas. Sobre el Ingrumá. Texto Inédito Bogotá.
17.  Otto Morales Benítez. Memorias y aplicaciones de las Historias Locales y Regionales. Universidad de Caldas. Manizales. 1995. Págs. 441 y 455.
18.  Otto Morales Benítez. Cuasinotas para un capítulo de memorias infantiles. Bogotá. Inédito. Págs. 4 y 5.
19.  Otto Morales Benítez. Cuasinotas para un capítulo de memorias infantiles. Bogotá. Inédito. Págs. 3 - 58-59 y 60.
20.  Antonio Cacua Prada. “Una risa singular”. Discurso pronunciado en el homenaje ofrecido por la Academia Patriótica Antonio Nariño, en el Jockey Club de Bogotá, el Jueves 29 de Julio de 2010, con motivo de los 90 años del socio Honorario doctor Otto Morales Benítez.
21.  Antonio Cacua Prada. Germán Arciniegas cien años de vida para Contar. Universidad Central. Tomo II. Pág. 719. Bogotá. 1999.
22.  Antonio Cacua Prada. Biografía Total de Otto Morales Benítez. Una vida al Servicio de Colombia y el Continente. Capítulos I – VIII - IX. Bogotá. 2011




 

EL NOMBRE DE PILA DE OTTO MORALES BENÍTEZ
ERA "OTÓN JULIO", Y NO ES UN SECRETO

En Riosucio son varios los mitos urbanos que se han tejido alrededor del nacimiento de Otto Morales Benítez, y poco se hace por confrontarlos con la realidad.

No es extraño que un visitante que recién llega a Riosucio se detenga a mirar la Biblioteca Municipal “Otto Morales Benítez” en la plaza de arriba, y que lo aborde un lugareño para contarle en medio de gran misterio, como se comparten los secretos propios de un rito iniciático, que don Otto no se llamaba “Otto” sino “Otón”, enfatizando: “Y juro por estos ojos que se han de comer la tierra que es verdad porque así está en la partida de bautismo”. Continúa diciendo que “ese ingrato ni siquiera es de Riosucio sino de Marmato”. Y concluye revelándole al ya desconcertado interlocutor que el 7 de agosto de 1819 como fecha de fundación de Riosucio fue un invento de Otto Morales, no tanto para vincular la fundación con la batalla de Boyacá, sino para hacerla coincidir con el día de su nacimiento, que también fue un  7 de agosto, pero de 1920.

El curso del tiempo, que aclara los hechos del pasado como la corriente de un río pule las piedras de su lecho, se encarga de poner las cosas en su sitio.

Para la época en que nació Otto Morales los departamentos estaban divididos en provincias, entre ellas la Provincia de Riosucio, capital Riosucio, de la que hacía parte Marmato, por lo que si don Otto nació en Marmato en 1920, se puede decir válidamente que es riosuceño porque nació en la provincia de Riosucio. Pero en este aspecto lo relevante no es tanto que don Otto haya nacido en uno u otro lugar, sino que los riosuceños actuales hayan reducido su percepción vital del territorio a los límites del actual municipio, cuando anteriormente desplegaban su actividad intelectual, social, económica, política y aún militar en  el espacio más amplio de la Vega de Supía, y aún más allá, pues Riosucio llegó a ser capital de la Provincia de Toro. Se han perdido el sentido de pertenencia regional y la dilatada tradición provincial de Riosucio.

Pero si la riosuceñidad del personaje puede parecer suspicacia, lo de que don Otto se inventó el 7 de agosto para hacer coincidir el día de su nacimiento con el de la fundación del pueblo, no tiene otro calificativo que infamia, porque por lo menos tres años antes de su nacimiento los riosuceños ya habían adoptado el 7 de agosto de 1819 como la fecha fundacional. Así lo atestigua Rufino Gutiérrez, hijo del poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González, quien visitó Riosucio en 1917, y así escribió en su diario de viaje:

“En 1814 el Cura de Quiebralomo, doctor José Bonifacio de Bonafont, y el de La Montaña, presbítero José Ramón Bueno [sic], empezaron a conferenciar con el objeto de formar una sola población de las dos que administraban, y encontraron tantos tropiezos, nacidos en parte de la conducta que observaba el Padre Bonafont como decidido partidario de la independencia en lo eclesiástico y en lo civil, que solo el 7 de agosto de 1819 (fecha que los vecinos consideran como la de fundación de Ríosucio) pudieron realizar su proyecto, y para ello empezaron por derribar las iglesias que había en los dos caseríos” (Rufino Gutiérrez, Monografías, tomo I, Imprenta Nacional, 1920) (http://www.banrepcultural.org/node/22695).

Y en cuanto a que el nombre de “Otón” sea una especie de secreto vergonzante, no hay tal. El hecho es de conocimiento público y el propio don Otto le relataba el origen de su nombre a quien quisiera escucharlo. En 2015, pocos meses antes de la muerte de Otto Morales, el historiador santandereano Antonio Cacua Prada ofreció una charla en la Academia Caldense de Historia en Manizales sobre la niñez de aquel (*), en la cual se verifica que su nombre de pila, efectivamente, fue “Otón Julio” y se explican los motivos para que éste derivara en “Otto”, al que con el tiempo se le añadió el muy riosuceño “don”. Dice Antonio Cacua:

“Cien años después [de la fundación de Riosucio], el domingo 7 de agosto de 1920 nació un bebecito, en la Parroquia de San Sebastián de Riosucio, hijo legítimo de don Olimpo Morales y doña María Luisa Benítez.

“El bautizo del niño se cumplió el Domingo 22 de Agosto de 1920, en la pila bautismal de la hermosa Iglesia de San Sebastián de Riosucio, hecha de ladrillo y madera y se levanta, calle de por medio, [lindando]con la casa de los Morales Benítez. Luce una bella espadaña con tres puertas y tres ventanas, simbólicas del misterio de la Santísima Trinidad. En el interior tiene un elegante y curioso balcón que circunda la nave central. El sacramento lo ofició el Presbítero Gonzalo Uribe V. y le impuso el nombre de Otón Julio.

“Don Olimpo al escoger el nombre de su segundo hijo lo buscó entre cinco emperadores de Alemania, y le agregó Julio, en homenaje al abuelo materno, don Julio Benítez. Con el tiempo el joven prefirió llamarse OTTO, en memoria del gran filósofo e historiador alemán Rudolf Otto.

“Sobre su nombre nos refirió el hijo epónimo de Riosucio, con un poco de sonreída ironía: ‘Los caldenses tienen la manía de utilizar y colocar nombres extraños, y una marcada tendencia de ponerles a sus hijos los más estrambóticos. Como mi papá negociaba en pieles y las despachaba para Alemania, por el puerto de Hamburgo, algún Otón le debió dar a ganar mucha plata y entonces se entusiasmó y para que yo tuviera buena suerte me puso ese nombre’. Y agregó: ‘En Riosucio hay muchos nombres clásicos regionales, como por ejemplo: Olimpo, Tiberio, Teopisto, Habacuc, Proceso, precedidos siempre por el «don»’”.

De acuerdo con esta biografía, es evidente que el joven estudiante de abogacía y aprendiz de político no quería cargar de por vida la chapa estrafalaria de “Otón”, por muy que éste hubiera sido rey de Germania (936-973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (952-973), e hijo de Enrique I El Pajarero, duque de Sajonia.

Pero también queda claro que el cambio de nombre no consistió en una simple operación de maquillaje del apelativo bautismal, sino la adopción de un nuevo nombre: “Otto”, tomado del apellido de Rudolf Otto (1869-1937), un teólogo protestante alemán, que en su crítica a las religiones sostenía que en última instancia lo sagrado no es más que aquello que es “numinoso”, misterioso. De esta manera se puede concluir que “Otto” es un seudónimo y no una reescritura de “Otón”.

Cacua Prada cita en pie de página que la partida de bautismo de Otón Julio Morales Benítez se encuentra en el Libro de Bautismos No. 49. Folio.77. No. 195, de la Parroquia de San Sebastián.

Luis Javier Caicedo


Riosucio, Caldas, 23 de junio de 2016.


  (*) "Riosucio de mis amores. Pinceladas sobre la niñez del eminente estadista doctor Otto Morales Benítez”. Tomado de la página web de la Academia Caldense de Historia:

Esta biografía se refiere sobre todo a la niñez de Otto Morales. El tono es un tanto empalagoso (“nació un bebecito", “bautizo de Ottito”), pero aun así aporta datos interesantes sobre el personaje y sobre Riosucio, como anécdotas del tiempo de la fundación, biografía del padre Bonafont, la vida del municipio en los años 20, la afamada cocina riosuceña y los educadores del Colegio de Varones.