viernes, 28 de junio de 2013

Concurso de Poesía: En tiempos de Penuria 2013

ueves, 27 de junio de 2013


III CONCURSO DE POESÍA EN TIEMPOS DE PENURIA 2013 -Para Caldas, Quindío y Risaralda-

http://flobertzapata.blogspot.com/2013/06/iii-concurso-de-poesia-en-tiempos-de_27.html


BASES

1.       Podrán participar los poetas nacidos o residentes en Caldas, Quindío y Risaralda con un conjunto de 20 poemas inéditos que no sobrepasen las 20 páginas. No podrán participar los ganadores de las anteriores versiones.

2.       Se debe enviar dos copias del trabajo, firmadas con seudónimo, escritas en letra Arial Narrow, número 12, a doble espacio, en hojas tamaño carta. Y un sobre anexo sellado, marcado con el seudónimo y el título de la obra, y en el interior los datos del autor: cédula, teléfonos, correo electrónico, dirección.

3.       Las obras se enviarán por correo certificado a la siguiente dirección: Barrio La Unión Mz 28 casa 10 Armenia, Quindío, a nombre de la revista santoyseña.

4.       Se recibirán los trabajos hasta el día 30 de agosto de 2013.

5.        La elección la hará un poeta de reconocida trayectoria, cuyo nombre se dará a conocer después de que se haya emitido el fallo.

6.        El ganador recibirá $700.000 (setecientos mil pesos moneda corriente). Además, se publicarán 500 ejemplares de un cuadernillo en edición sencilla, pulcra y digna, de los cuales 250 serán entregados al ganador. Se publicarán poemas en el plegable de poesía Musa Levis y en la revista Juegos Florales del Centro de Escritores de Manizales.

7.       El premio será entregado personalmente o a través de giro por los donantes en fecha y hora que se avisará oportunamente. En este acto leerán poesía  el ganador y otros invitados.

8.       Las copias de los poemarios que no obtengan el premio serán destruidas


Gracias Jesús Helí por difundir este acto de solidaridad , un abrazo.
 



sábado, 22 de junio de 2013

Defensores del ambiente pedalean en la Vuelta a Colombia

La Vuelta este año se 'pintó' de verde

Tomado de El Tiempo
Por: Luisa Fernanda Garia




El Tiempo, junio 22 de 2013

Vuelta a Colombia
El grupo de ciclistas de Buena Vibra Cycling System acercándose a Bogotá.

Detrás de la Vuelta a Colombia, que finaliza el domingo, va un trío de defensores del ambiente.

El pasado 9 de junio, el pistoletazo inicial de la versión 63 de La Vuelta a Colombia no solo marcó la salida de 176 ciclistas profesionales a la tradicional competencia, sino –paralelamente– el comienzo de la aventura de tres ciudadanos aficionados al ciclismo y a la naturaleza.
Carlos Pedraza, María Fernanda y Hernando González se propusieron seguirles los pasos –o los pedalazos– a los grandes ‘jinetes del caballito de acero’ que participan en esta competencia, considerada una de las más exigentes del mundo.
Pedalear la ruta de la Vuelta a Colombia 2013, que partió de Quito (Ecuador) y atraviesa nueve departamentos de nuestro país, fue un objetivo trazado hace un año por estos expedicionarios, con el fin de captar la belleza de los lugares en los 2.142 kilómetros que comprende la competencia.
Se ha tratado de llevar un mensaje ecológico a cada una de las poblaciones del trayecto y resaltar la importancia de la bicicleta para recorrer los más hermosos e insospechados rincones de Colombia.
“Queremos que los colombianos, en especial los niños, conozcan la diversidad de los paisajes y de los ecosistemas de nuestro país. La idea era poder contarles sobre los tesoros que tenemos a la orilla de la carretera, que usualmente pasan desapercibidos”, afirmó María Fernanda.
Combina deporte y naturaleza
A la dura travesía de Carlos (biólogo), María Fernanda (investigadora botánica) y Hernando (pedalista quindiano) se unieron Fredy Gómez (fotógrafo) y Sylvia Gómez (ilustradora y escritora) para registrar el recorrido de sus tres compañeros ciclistas.
Este grupo de deportistas, conservacionistas y artistas conforman el colectivo Buena Vibra Cycling System (BVCS), que le dio vida a esta iniciativa. El proyecto se llama Pedalea Colombia y está apoyado por The Nature Conservancy (TNC) y la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua.
“Todo empezó con el sueño de recorrer nuestro país montados en la bicicleta. La Vuelta a Colombia nos pareció la mejor oportunidad para hacerlo porque es un evento que nos conecta a los colombianos geográfica e históricamente. Entonces, preparamos nuestro físico durante ocho meses, entrenamos y cambiamos la dieta. Además, empezamos a darle vida a una cartilla que entregaremos en nuestro recorrido”, afirmó Carlos, horas antes de empezar la travesía.
La cartilla ilustrada, que narra la historia de dos pequeños que pedalean por el país en busca del origen del agua, es la herramienta didáctica que BVCS está empleando para llevar a cientos de niños información sobre la megadiversidad de Colombia y la importancia de su conservación.
Mientras tiene el honor de acompañar, a un ritmo más rezagado, a los competidores de la Vuelta a Colombia, este ‘trío maravilla’ realiza paradas estratégicas en su recorrido para ofrecer cortas charlas sobre el papel que cumplen nuestros ecosistemas en el abastecimiento de agua del país, y para reportar desde sus bicicletas –con la ayuda de sus celulares– lo que la radio y la televisión olvidan en el cubrimiento de la Vuelta a Colombia.
Bitácora hecha a pedal
Muchas de las experiencias y sensaciones de estos deportistas aficionados han quedado registradas por ellos mismos en las diferentes redes sociales y blogs del grupo. Una especie de diario de viaje de los pedalistas puede encontrarse en dichas páginas; lugares que han visitado, anécdotas, contratiempos y fotografías que dan prueba de la aventura.
“Hace cada vez más calor bajando al Valle. La vegetación que ahora nos rodea es de bosque seco tropical –decían los tuits enviados durante el cuarto día de recorrido–. Un pequeño contratiempo nos mantiene en Cali sin poder salir. Aprovechando el tiempo para hacer talleres con niños. Ánimo a los mecánicos”.
En cuanto a los ecosistemas encontrados por el grupo de expedicionarios, se leía en el blog de BVCS, en la segunda etapa de la competencia: “Llegando a la frontera el paisaje cambia mucho, pasamos de bosque seco a bosque alto andino. Durante el camino nos llamó la atención el uso frecuente de cercas vivas formadas por especies nativas. María Fernanda identificó una especie de planta que no había visto antes, así que decidimos detenernos a verla más de cerca. Nos encontramos con el inicio de lo que al parecer será nuestra expedición botánica”.
Los pedalistas han recorrido el sistema montañoso de los Andes, en el que se han encontrado (en las cordilleras Central y Oriental) con volcanes, nevados y lagos. La cuenca del Patía y la macrocuenca del Magdalena-Cauca son dos de los puntos que, según los deportistas, les generaron más emociones y orgullo en el momento de llegar a ellos.
Estos conquistadores del pedal ya han hecho presencia con sus bicicletas en Pichincha y Charqui (provincias de Ecuador) y en nueve departamentos de Colombia: Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Quindío, Tolima, Cundinamarca, Boyacá y Antioquia.
“Es impresionante ver las diferentes formaciones geológicas, que explican los patrones de la diversidad. Por ejemplo, ver cómo algunas carreteras cortan las montañas, o saber que lo que vemos alguna vez estuvo cubierto por el mar o fue de origen volcánico”, expresaron los aventureros ciclistas.
En unos de sus diarios de viaje, que escriben todas las noches después de pedalear, María Fernanda, Carlos y Hernando anotan: “En una sola etapa nos hemos encontrado con fríos extremos, altísimas temperaturas y zonas húmedas y secas. En un tramo todo puede cambiar; esto da cuenta de la compleja geografía marcada por los Andes. En la etapa siete (de Manizales a Ibagué), pasamos de 1.400 metros a 3.300 metros de altura sobre el nivel del mar.
Algunas fallas mecánicas, incidentes en carretera, cambios bruscos de clima y dolencias físicas no han sido impedimento para que estos compañeros de viaje cumplan su cometido. “Lo estamos haciendo a punta de corazón y cabeza fuerte; en muchos momentos el cuerpo nos pide renunciar, pero si estamos claros con la meta en el corazón, seguimos adelante”, expresó Carlos.
‘Así vamos’
A la fecha, este grupo de deportistas aficionados ha pedaleado cerca de 2.000 kilómetros. Carlos, María Fernanda y Hernando lo han hecho armados de un uniforme color verde y unas mil cartillas.
Por otro lado, Fredy y Silvia han hecho el mismo recorrido que sus amigos ciclistas pero en carro, desde el que han logrado un registro fotográfico muy completo sobre el trayecto y, además, han podido llegar con sus mensajes de preservación a varias escuelas, pueblos y ciudades.
“La acogida y el apoyo de la gente han sido impresionantes, nunca imaginamos que sería así. Estamos maravillados ante tanta belleza que hemos encontrado en el camino; cada curva y cada montaña de los Andes esconde sorpresas”, expresó efusivamente Carlos, mientras pedaleaba hacia Ovejas (Cauca).
El pasado domingo 16 de junio el equipo de BVCS llegó a Bogotá, al igual que los competidores de la Vuelta a Colombia. Carlos, María Fernanda, Hernando, Fredy y Sylvia se reunieron en el barrio Pablo VI con quienes han seguido su aventura a través de las redes y allí compartieron su experiencia y sus reflexiones sobre la diversidad colombiana.
El lunes 17 de junio fue el día de descanso de la prueba. Desde el martes, los expedicionarios volvieron a la carretera junto con los competidores de la Vuelta a Colombia. Hoy se inicia la decimotercera etapa, con un recorrido de 133 km.
Lo que viene
Todavía quedan 2 etapas de las 14 que tiene la Vuelta a Colombia 2013. La competencia finalizará mañana en Medellín.
Mientras tanto, cada uno de los pedalistas de BVCS seguirá aferrado al manubrio, en los exigentes ascensos y en los descensos a más de 60 km por hora, para llevar sus mensajes y cartillas. Los inigualables panoramas, la proximidad con la naturaleza, la diversidad de los paisajes, y los aplausos y porras de la gente son la mejor recompensa por haber aceptado el desafío de recorrer la cambiante geografía colombiana en dos ruedas.
Siga el final de esta travesía en:
Buena Vibra Cycling System, en Facebook. @CyclingSystem, en Twitter.
@TNC_Espanol, en Twitter.
En el blog: buenavibracycling.wordpress.com
LISA FERNANDA GARCÍA
REDACCIÓN MI ZONA EL TIEMPO

viernes, 21 de junio de 2013

Pedimos a gritos un cambio que valide la diferencia

Viernes, 21ST Junio - 6:38 AM

PDFImprimirE-mail



Por Vanessa Lya Giraldo Orozco
Buenos Aires, junio 21 de 2013


PEDIMOS A GRITOS UN CAMBIO QUE VALIDE LA DIFERENCIA


El 25 de abril de 2013, se hundió en Colombia, el proyecto que legalizaba el matrimonio homosexual. Con 51 votos en contra y 17 a favor la propuesta fue denegada por el Congreso nacional. Este rechazo da por hecho que la proeza de igualdad en este país está siendo dejada de lado para conservar valores que discriminan e imponen un pensamiento obtuso y excluyente. Me pregunto: ¿no fue ésta la misma situación que tuvieron que padecer los negros y los indígenas décadas atrás? ¿No está, así, en tela de juicio la equidad, la justicia y el humanitarismo entre nosotros?

vanessa giraldoPara los que no reconocen la legitimidad de las relaciones homosexuales, el matrimonio gay es una amenaza a la sociedad, sugieren que su legalización rompe con cualquier esquema decente de familia y más allá, iría en contra de las leyes naturales. Si bien es cierto que tenemos una gran tradición que nos ata a esquemas heterosexuales y la mayoría de discursos sociales giran en torno a una familia conformada por un hombre y una mujer, también es verdad que la homosexualidad no es un fenómeno nuevo. Según Paul Veyne, en la antigüedad clásica no había oposición entre homosexualidad y heterosexualidad, más bien, lo común era una bisexualidad cuyas manifestaciones «parecían» dictadas más por el azar del contacto entre las personas que por determinismos biológicos.

Sólo a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX la homosexualidad se convierte en algo perverso, en una enfermedad. Justo en ese momento aparece la concepción de familia que hoy en día defendemos y, por otro lado, era importante marcar la diferencia entre la concupiscencia e inmoralidad medieval y renacentista y la nueva mirada científica del “siglo de las luces” y los comienzos de la ciencia moderna.
Con esto se evidencia cómo  la homosexualidad ha sido utilizada para  imponer, a través de ella, un esquema familiar que funcione en una sociedad como la actual. La heterosexualidad no es lo natural o biológicamente correcto, la sexualidad ha sido manipulada para convertirla en dispositivo de los discursos sociales dominantes. La ilegalidad del matrimonio gay evidencia la contundente necesidad de categorizar y jerarquizar, en una sociedad que no se preocupa por disminuir las brechas discriminatorias, logrando, en cambio, ampliarlas.

Durante la discusión, en el Congreso colombiano, se calificó el sexo entre homosexuales como “escatológico, un sexo inane, incapaz de generar vida, un sexo que se practica casi que con fines recreativos”, o peor aún, una “relación excremental”, como dijo un viejo y anquilosado senador durante los debates. Este tipo de argumentos sirvió a varios congresistas que se valieron de tales planteamientos para inhabilitar a las uniones homosexuales para adoptar o hacerse cargo de menores.

¿Acaso las parejas heterosexuales tienen sexo con un fin exclusivamente reproductivo? No, tal vez ahora menos que nunca. Sin embargo nadie cuestiona la capacidad que tienen estas parejas para criar. Como si tener un hijo, hoy por hoy, se tratara únicamente de parirlo. Negar a las parejas homosexuales la adopción es negar a un niño, o una niña, la posibilidad de crecer en un ambiente de amor y un mundo de oportunidades.

Los estudios que sostienen que un niño criado por homosexuales puede ser un niño con trastornos sociales o mentales no prueban nada, en primera instancia por un error de carácter metodológico. No hay punto de comparación, son estudios que jamás han sido hechos antes a  hijos de parejas heterosexuales. La sociedad está llena de personas violentas y muy seguramente todos fueron educados por un hombre y una mujer. Tal vez de lo que se trate no sea de mantener un esquema familiar rígido, sino de fomentar una familia capaz de dar amor con disposición a darlo todo y no de seguir la “voluntad de Dios” (¿sí será esa su voluntad?) que muchas veces ha erigido familias disfuncionales, carentes de amor y recursos para educar a un menor, reproduciendo más violencia y miseria.

Pensaría que lo único que puede llegar a hacer a un niño, o niña, criado/a por una pareja de homosexuales, es la manera en que puede llegar a ser tratado/a en la esfera pública, donde las humillaciones, la discriminación y la extrañeza excluyente pueden llegar afectar el desarrollo de su personalidad o hacerlo/a sentir miserable por su situación. ¿No era la situación de los niños negros en décadas de ingrata recordación, cuando apenas comenzaban a ser aceptados en escuelas para blancos? Lo que estaba mal no era que compartieran el mismo espacio, lo que los afectaba era el rechazo y la discriminación que sentían por parte de los otros niños.

En esto radica la importancia del reconocimiento de las parejas homosexuales, reconocimiento que todo lo que tiene que ver con el hecho que se legalice a nivel jurídico el matrimonio gay, esto no sólo haría más fácil el tema de compartir los bienes, reclamar herencias y exigir beneficios sociales. Reconocer el matrimonio gay es aceptar la igualdad, la inclusión social, el derecho a ser diferente  sin ser discriminado.

De lo que hablamos acá es de un primer paso a un cambio a nivel sociocultural. ¿No estamos hartos de una sociedad que nos denigra, una sociedad que pone siempre a alguien por encima de nosotros? El reconocimiento del matrimonio homosexual abre campo a otras lógicas y otros tipos de organización social. ¿Para qué luchar por la conservación de un orden que nos mantiene al borde de la miseria, que acepta solo ciertos estándares y nos coloca a todos bajo una vara medidora?  Porque la verdad es que ser gay no es diferente a ser pobre o a ser feo, todos en algún momento nos hemos sentido excluidos, rechazados por no obedecer a ciertos discursos dominantes. Pedimos a gritos un cambio que valide la diferencia y reconozca las minorías como grupos que importan  a la conciencia nacional.

jueves, 20 de junio de 2013

Desarraigo y olvido. Maria Helena Giraldo González


DESARRAIGO Y OLVIDO

Por: María Helena Giraldo Gonzáles

  Desarraigos consentidos

Cuando salí de Filadelfia, de mi pequeño mundo de juegos y personas conocidas, la nostalgia se adueñó de mí. Era abandonar los maizales, los sembrados de café llenos de frutos rojos, los bueyes arando la tierra, recuerdos de niñez que perduran. Abandonar la naturaleza, el parque con su ceiba, las montañas que rodean el pueblo, ver el camión con los corotos, todo dispuesto para el desarraigo. Era partir hacia lo desconocido, otras gentes, otros lugares, otras experiencias y un corazón atado a esos primeros años que nos persiguen y se tornan marca indeleble desde donde se contempla el mundo.
Escuchar las anécdotas de los abuelos, en las que entre risas y nostalgias nos señalaban a lo lejos las montañas y nos contaban cómo los bisabuelos y los tatarabuelos, tras largos viajes en caminos de herradura, colonizaron pueblos, araron la tierra y la cultivaron para dejárnosla como herencia, era un suceso maravilloso en el que pequeños y adultos nos acomodábamos holgadamente para no perdernos ninguna de las historias.
El fogón de leña y junto a mí, mi hermana volteando las arepas para el desayuno o con nuestros hermanos zarandeando el café para separar la pasilla, entre chistes y juegos, hacen que la memoria retorne a esos tiempos difíciles y llenos de escasez. Mi padre, que no conocía de tierras y arado, sino de poesía, aprendió a amar la tierra, hacía largos trayectos a pie para traer desde la vereda Morritos retoños de café y colinos de plátano que le regalaban y esa tierra estéril, que producía risa burlona entre sus conocidos, se tornó productiva y calmó el hambre y dio de qué vivir.
Era una delicia recorrer los cafetales, detenernos en la laboriosidad de las hormigas, dejar que los cucarrones de colores encendidos caminaran por nuestras manos inquietas; las luciérnagas, las ranas croando, no dejaban de ser fascinantes para nuestros ojos exploradores. Cómo olvidar el tanque de agua al aire libre, a él nos lanzábamos como si de una piscina se tratara. Tampoco puedo olvidar las idas a la Felisa, nos gustaba ir parados en la parte de atrás del jeep para disfrutar del viento acariciando nuestros rostros adolescentes. Y cuando llegábamos, corríamos hasta un árbol frondoso que servía para protegernos del fuerte sol del medio día. Luego de quitarnos las ropas y quedarnos con el vestido de baño que traíamos puesto, nos tirábamos al agua, a una quebrada que desembocaba en el río Cauca y luego retornábamos a la sombra de aquel árbol; nunca supe si era un samán u otra especie nativa, lástima que ya no esté para guarecernos, pues allí construyeron un hotel y la quebrada está casi seca.
Cuando veo las fotografías en blanco y negro, me acuerdo de Chispas, que era el fotógrafo del pueblo, y mi hermana y yo, con nuestras faldas cortas y sonrisa provinciana, nos sentábamos en las bancas del parque a esperar que de esa cámara antigua saliera un chispazo. El atardecer y el verde intenso de las montañas están en mi sangre; a lo lejos, en el horizonte, su colorido me hacía sentir que así son los sueños y hacia ellos podíamos volar. Y aún ahora, cuando tengo oportunidad de ir a un pueblo como Jericó y subo a pie a Las Nubes, desde allí me detengo en el horizonte y continúa viva la esperanza de que mis sueños tienen sabor a tierra y agua, que los animales y nosotros estamos hechos de la misma sustancia. Todos esos momentos de infancia yacen en lo más recóndito de mi alma. La tierra, el agua, los perros y los gatos, que amábamos, hacían parte de nuestro mundo infantil y adolescente. La naturaleza y nosotros, éramos una sola cosa. El amor por ella movía nuestros corazones.

Otras latitudes y la nostalgia

Llegar a Medellín, a Envigado, era recomenzar. Una no olvida las entrañas de la tierra; hay musgo en mi espalda, guayabas y caimas en mi recuerdo. De frutas y campo está hecha mi historia. Por eso, Medellín, en un principio, se hizo inmenso, un territorio para explorar, otros registros del mundo, en contraste con mi pueblo que se hizo memoria en mí y que todavía me acompaña.
Siempre que regreso a Filadelfia vuelvo a ese lugar en el que nací. Subo las escalas de lo que queda de la antigua casa y me deslizo por el piso de madera que aún se conserva; siento que retorno a mis raíces, a cada huella que el tiempo deja en la roca o en el barro que soy, y me alegro de que se conserve en pie, aunque falta la parte trasera de la casa con sus corredores mirando hacia los cafetales, lo que deja un vacío, porque también murieron los árboles de zapote, los guamos, los caimos, los manzanos y los papayos que caían en nuestras manos infantiles, y el vacío surge nuevamente. Vuelven a desenvainarse los recuerdos, como cuando nos sentábamos en las escalas a comer el costalado de zapotes que habíamos cogido.
Salir de Medellín y encontrarme con otra cultura, otro idioma, me produjo también ansiedad. Es como si la brújula que nos guía dejara de funcionar y cayera todo lo que sostiene nuestro mundo por un momento, para luego enfrentarnos a nuevos retos. Abandonar hace poco a Medellín, y viajar por unos largos meses a Arizona a acompañar a mi hermana en momentos críticos, hizo que retornara la nostalgia, pero también el asombro. El extenso desierto, el firmamento rojo, el tiempo silencioso que transcurre lento, las casas dispuestas como un juego de ajedrez, las montañas anaranjadas del Cañón del Colorado y Sedona, los cactus centenarios adornando las calles, la manera de cuidarlos, de mantener intacta esa naturaleza de milenios, me estremecieron.
Esa identidad tan arraigada y ese amor por lo propio, se traduce en una legislación discriminatoria con los indocumentados. Duele el desarraigo cuando se abandona la ciudad latina con los ojos humedecidos, dejando todo atrás, hijos, nietos, hermanos, padres, y sabiendo de antemano que será difícil el regreso o solo en cenizas los seres amados nos volverán a ver.
Cada quien emprende una carrera maratónica para alcanzar los sueños que nos venden. Olvidamos que alguna vez fuimos niños y que soñamos con cambiar el mundo. Olvidamos que la tierra es de todos, que las fronteras las ponen los adultos. Que no hay diferencia de razas ni credos en esos años infantiles. Que la tierra es nuestra pertenencia más sagrada, lo que pase con ella pasará con nosotros.
Podemos dejar el lugar donde hemos pasado la infancia e irnos a la ciudad para continuar los estudios en la universidad o en busca de un trabajo que nos permita la subsistencia, podemos ausentarnos del terruño por voluntad propia, para buscar mejores posibilidades en otro país, y esforzarnos en asimilar el idioma, las maneras de relacionarnos, las formas de hacer, decir, amar, pero lo que somos siempre irá con nosotros.
Partimos llenos de ilusiones tras un sueño que creemos posible en otros lugares, lo que no deja de ser un espejismo muchas veces. Nos vamos debiendo a parientes y amigos los pasajes de avión y algo de dinero, mientras la fortuna se pone de nuestro lado. Siempre añoramos los amigos, la calle donde crecimos, lo que me lleva a preguntarme por el dolor de los que tienen que abandonar la tierra o el barrio donde vivieron toda la vida, huyendo de la violencia.
Por eso, cuando estuve en Arizona, a pesar de quedar deslumbrada por su belleza y geografía, no dejé de compararla con Colombia, porque una cosa es un desierto natural y otra muy diferente un desierto producto de los desplazamientos forzados, de los estragos de la minería y el envenenamiento de los ríos.
Las raíces, aunque partamos de nuestras ciudades de origen, nunca desaparecen; representan la morada interna. Y la morada interna es la casa primordial, lo que nos constituye como sujetos, lo que nos permite pronunciarnos desde esa historia singular que nos nombra, desde esa herencia que se hunde en los ancestros, en el pasado con todos los recuerdos de infancia, en las raíces indígenas, en la tierra. Todo este arsenal de experiencias constituye la voz que autonombra lo que somos. De montañas y ríos, de agua y tierra está hecho mi tránsito por este mundo. Y es que ese hilo delgado que hay entre lo que soy y lo que habito es la amplia red de la vida a la que me debo. Y es que se ha hecho olvido ese lazo umbilical con la tierra, no hemos comprendido lo que para el jefe indio Seattle era evidente: que la tierra no le pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra.   

Para siempre

Esta ciudad que me amarra
Tiene los nombres
De las ciudades latinas
Llenas de mares y selvas
De misterios aborígenes
Y modernidad delirante
Esta ciudad que me amarra
Me recuerda
El chontaduro y la guanábana
Los dientes pétreos
Como los arrecifes
Las  tardes de las ciudades costeras
El olor que me persigue
Y me hace tuya
Esta ciudad que me amarra
Tiene escrito tu nombre
En el folclor que enciende mis mejillas
En la piel negra
Que me recuerda
Un pedazo de patria
Soy emigrante
Y mis orígenes me llaman

Emigrante

Soy un emigrante
Que muere en lejanías
Como los sueños de patria
Un exiliado de los ancestros
De los amigos de infancia
Que envejecen
De mis raíces aborígenes y negras
De los ríos que atraviesan mis ciudades
De las selvas amazónicas
De los Andes gigantescos
Desprendimiento
Porque cuando regreso a mis ciudades
Siento que no soy de aquí ni de allá
Un exiliado
Que extraña sus raíces
Y vive de nostalgias

Identidad

Cuando se cueza tu identidad
América Mestiza
Habrán sido muchas mis muertes
En medio de la miseria de los míos
Muchos los gritos
En noches que aspiran ver el día

Cuando se cueza tu identidad
No existiré
Tampoco los que me siguen
Y aquellos que por lazos
De sangre y amistad me conocen
También partirán

Pero tú América mestiza
Paria en tu propio territorio
Resurgirás ávida de pasiones y escritura
Esculpirás en la greda
Tu rostro de aborigen guerrero


Azul mar

Pequeña vagabunda de pies ligeros
Con tus ojos de buitre
Buscas los pedazos de piel
Que deja el verdugo
Después de lapidar la presa
Patria mía así eres
Tu lecho vegetal venden
No por el hambre
El hambre no desencaja sus rostros
Codicia de oro
Negro mineral
Verde esmeralda
Azul mar y tu extenso litoral
Hacia él van
Mientras mueren en la miseria tus hijos.}



















domingo, 16 de junio de 2013

María Fernanda González Giraldo en la Vuelta a Colombia en Bicicleta



Buena Vibra Cycling System es un equipo de ciclistas y biólogos que luchan por la conservación del medio ambiente en Colombia. Está conformado por María Fernanda González Giraldo, Carlos Pedraza y Hernando González. Recorren la Vuelta a Colombia en Bicicleta, pedaleando igual que los participantes, llevando un mensaje ecológico a los niños.









En su paso por Calarcá, en la etapa Manizales - Ibagué, eldía 15 dejunio de 2013

La hermosa familia Giraldo dándonos impulso antes de comezar la esperada subida! — con Carlos Pedraza,Hernando Gonzalez Sabogal y Maria Fernanda Gonzalez Giraldo.


Nuestro libro para colorear, Pedalea Colombia.
Un viaje por la ruta del agua, recorriendo el país en bicicleta.
 — con Sylvia GómezMaria Fernanda Gonzalez GiraldoManuela FajardoCarlos Pedraza,Hernando Gonzalez SabogalFredy Gómez Suescún yErika Díaz Gómez.



viernes, 14 de junio de 2013

El dólar amarga la vida a los colombianos

La caída del dólar amarga la vida de los cafeteros y el contrabando deja en la incertidumbre a los comerciantes e industriales de Colombia. Mientras tanto el gobierno y la clase dirigente siguen patinando y repitiendo el mismo disco rayado de la inevitable dependencia de la divisa americana. A nadie, entre las élites, se le ocurre una salida favorable porque el problema no es el suyo ya que sus altos ingresos los distancia de la realidad nacional y viven una vida de fantasía a espaldas de la inmensa mayoría que sufre las consecuencias de su incapacidad para resolver los problemas nacionales. Es hora de replantear un clamor muchas veces  expresado en todos los escenarios: Colombia no tiene responsabilidad en los juegos financieros de los gringos que devalúan su moneda para mejorar las ventas y equilibrar la balanza de su comercio exterior. Los precios de los productos deberían obedecer a los costos de producción, al consumo, calidad y distribución, no a condiciones monetarias y especulativas que sólo buscan utilidad y ganancias.
Y cuando la inevitable crisis se presente viene el desempleo provocado por el cierre de empresas y la situación social se complica y el orden público se altera.
Jesús Helí Giraldo

miércoles, 12 de junio de 2013

Equilibrio emocional y flores de Bach, conferencia en Pereira

Conferencia en Pereira
El Eqilibrio emocional y la flores de Bach
Lugar: Biblioteca Ramòn Mejìa Correa
Centro Cultural Lucy Tejada. Tercer piso, salòn de audiovisuales
Dìa: jueves 13 de junio de 2013
Hora: 6:30 p.m.

Conferencista: Jesùs Helì Giraldo Giraldo
BFRP Colombia

martes, 4 de junio de 2013

sábado, 1 de junio de 2013

Luz Mary Ortíz, de Filadelfia, la Mejor Docente del año

Artículo publicado en Eje21.com.co
Junio 1 de 2013

"Este premio también es de mis alumnos y de sus padres porque ese proyecto lo construimos todos", dijo Ortíz Marulanda.
Manizales, junio 1. Luz Mary Ortiz Marulanda, profesora de castellano en los grades sexto y séptimo de la Institución Educativa Filadelfia, fue escogida el viernes como el Mejor Docente de Caldas 2013.
En una sobria ceremonia en el Hotel Carretero la Secretaría de Educación Departamental realizó la conmemoración del Día del Maestro con la designación de los mejores docentes en cada municipio y la elección de quien por este año es el mejor docente en Caldas.

En esta actividad estuvieron presentes la Secretaria de Educación (e), Gloria Amparo Torres Vargas, funcionarios del nivel administrativos de la Secretaría de Educación y docentes de diferentes puntos del Departamento.

Ortiz Marulanda fue seleccionada por su proyecto de mejoramiento de la experiencia en el aula relacionado con mejores prácticas para el fortalecimiento de la lectura y la escritura llamado Ecología del aprendizaje.

“La elección de estos docentes es una manera de honrar la excelencia de todos los que prestan su servicio en nuestra Secretaría. Estamos muy contentos por la calidad de las personas que enseñan en nuestras sedes educativas y creemos que esta es una buena forma de agradecer por esto”, comentó la Secretaria.

“La verdad yo no quería venir porque soy muy tímida y este tipo de actividades e invitaciones me ponen muy nerviosa. No esperaba ganar, pero pues vea, me lo gané y es muy bonito que la Gobernación decida reconocer la labor que con tanto cariño hacemos los docentes todos los días. Este premio también es de mis alumnos y de sus padres porque ese proyecto lo construimos todos. A los que apenas están estudiando para ser docentes o los que apenas comienzan en esta carrera les quiero decir que sigan adelante porque es algo que siempre lo llene a uno de felicidad”, comentó la docente luego de recibir su premio.

Para el Gobernador de Caldas, Guido Echeverri Piedrahita, este reconocimiento es fundamental para exaltar la gran labor que hacen los más de cuatro mil docentes, en más de mil sedes y 169 instituciones educativas en todo el Departamento, “una de las cosas más bellas de recorrer el departamento es ver en las escuelitas y colegios de zonas urbanas y rurales el amor con el que los docentes imparten sus clases y los valores que tenemos en nuestra región. Para ellos nosotros en la Gobernación de Caldas y como departamento en general no tenemos más que agradecimientos”, concluyó.