martes, 27 de abril de 2010

ES POSIBLE SALIR DE LA CAVERNA

Por Jesús Helí Giraldo*

¿Cuál es la formación de los ciudadanos que necesita el Estado para que lo gobiernen? Usando la metáfora, en la alegoría de la caverna, Platón muestra a los filósofos como los verdaderos custodios de la esencia del Estado y a la filosofía como la luz liberadora que promueve la transformación humana a través de la educación. “La República, dice, Jaeger, se basa en la premisa sistemáticamente desarrollada en la obra de que la meta de la comunidad es lograr el máximo desarrollo del alma del individuo, es decir, educarlo, para convertirlo en una personalidad humana completa” (Cruz Vélez Danilo, El mito del rey filósofo).

“Idénticos a nosotros mismo”, le dice Sócrates a Glaucón (obra citada), ante el asombro de éste por la insólita vida de los hombres de la caverna. Se trata de unos prisioneros cuya morada durante toda su vida ha sido una caverna a espaldas de la luz del sol, atados a las cadenas y obligados a mirar sólo hacia el fondo no pueden ver la luz, únicamente la sombra proyectada a través de un muro en forma de tablado entre ellos y un fuego que ilumina a sus espaldas, por ese muro transitan otros hombres, de los cuales tienen información gracias a sus sombras. También es lenguaje de sombras lo que oyen. Su mundo es un mundo de sombras.

Poder ver la luz y conocer el sol mediante la salida de la caverna es la base de la transformación y la liberación. Asemeja Platón la luz con la idea, el sol con la noción del bien y el proceso de salir de la caverna, ascensión del mundo sensible al mundo del conocimiento, el del intelecto, esto lo asimila al reino del más allá, el metafísico, el filosófico, el de la libertad.

El mundo de la caverna es el mundo de las sombras, las cosas físicas, éstas necesitan el complemento de las ideas, el de la justicia y la libertad, expresados en los conceptos filosóficos, actitud natural surgida de la misma existencia. Sumergidos en la caverna los hombres no pueden ver más que un mundo de apariencias, de espaldas al espíritu verdadero iluminado por la luz de la idea concebida en la libertad, que le permite ver el sol, asimilado al supremo bien en la teoría platónica.

Liberar a un esclavo de sus cadenas pero dejarlo continuar su vida en la caverna no representa la libertad porque sigue viendo sombras nada más. La realidad está afuera, en el mundo de la luz, el cual no resisten estos seres habituados a la oscuridad. Sólo dejando esa vieja morada y enfrentando al sol, al mundo de la luz, es posible liberarse de las ataduras de la vida anterior y ascender a un plano superior de la existencia que le permite realmente ser libre. Esta es la misión de la fuerza educadora y liberadora de la filosofía.

*Ingeniero civil, Escritor

domingo, 18 de abril de 2010

El anhelo político de Platón

Por: Jesús Helí Giraldo*
Ver unidos, algún día, el poder político y la filosofía fue uno de los principales anhelos de Platón. El anhelo platónico es resumido en la teoría del “Rey filósofo” (mito del rey filósofo) expuesta por el pensador griego en su libro La República (1).

El problema del intelectual metido en la política, las contradicciones y dificultades para construir un estado basado en la justicia y acabar con las injusticias reinantes, fueron parte de sus inquietudes, basadas en la experiencia, adquirida desde la juventud, a los 18 años cuando inició su amistad con Sócrates, hasta la vejez, época en que no sólo la meditación y la vida contemplativa eran la base de su discurso sino que la experiencia de sus actividades y su trayectoria le daban argumentos sólidos para hablar sobre la misión del filósofo y de la filosofía.

El saber filosófico y el tipo de vida del filósofo, estar al corriente de lo que pasa en el cielo sin descuidar lo que pisan sus pies, incursionar en la filosofía sin alejar al pensador del quehacer diario, las dificultades prácticas y el trato con los vecinos y el prójimo en general, la diferencia entre el saber cotidiano y el saber de la filosofía. El mundo circundante que constituyen las necesidades del hombre del común, el interés del filósofo en este tipo de saber, la manera de comportarse frente al mundo, frente a los otros hombres y frente a sí mismo, cómo poner la historia humana en escena, fueron permanentes motivos de su quehacer filosófico, su meditación contemplativa y su afán político.

Preocupaba a Platón que el filósofo no estuviera al corriente de las cosas prácticas del diario vivir mientras incursionaba en los interrogantes sobre el hombre en cuanto tal y los diferentes modos de ser. Dirigiendo su atención a dimensiones más elevadas ignoraba las cotidianas de la existencia política, de la historia objetiva y pragmática, llevando su inexperiencia a la ridiculez y la perplejidad por desconocer las leyes, los tribunales, los cargos públicos, el gobierno y el modo de aplicar justicia y hasta el mismo lenguaje usual de la coexistencia pública. “Ni siquiera sabe que no lo sabe”, argumentaba Platón para liberar al filósofo de toda culpa por el desinterés de la polis, al desentenderse de ella.

“Sólo su cuerpo se encuentra y habita en la polis, mientras que su pensar, que juzga todas estas cosas como pequeñeces y naderías, vuela por doquier…, persiguiendo la marcha de los astros en los cielos, mensurando lo que hay encima y debajo de la Tierra y, además, investigando el ser de cada uno de los entes y de todos ellos en conjunto” (2). Esto refería Platón para referirse a los filósofos presocráticos. Clamaba por una lucha para establecer una vida política activa como ideal del filósofo.

En medio de la agitación política de la posguerra con los persas, Atenas se debatía en la crisis y el desorden. En medio de esta situación no había espacio para la vida contemplativa del filósofo sino para el accionar político. Entonces, para no ser considerado por la comunidad como un extraño, además la falta de ley y de justicia que mantenían el caos, lo llevaron a incursionar en el mundo político, presionado, además por el hecho de provenir de familias aristocráticas, desde el comienzo estaba destinado para las lides políticas. Sobretodo, porque la justicia había sido su eje fundamental. La identificación de la filosofía y la política en su vida personal y pública fue una constante para el filósofo.

“Entonces tuve que reconocer, en alabanza a la verdadera filosofía, que sólo mediante ella se podía averiguar dónde estaba la justicia en el Estado y en los individuos”, decía Platón en su Epístola VII (3). Darle un contenido moral al Estado sobre la esencia de la justicia, es su tarea filosófica, y reformar al Estado para ponerlo bajo el imperio de la justicia, su tarea política. Los gobernantes tendrán que cultivar seriamente la filosofía y hacerse filósofos si quieren llegar a conocer el fundamento de un Estado justo. Y los filósofos salir de la actitud contemplativa y fundirse en el quehacer de la vida cotidiana, unir en sí mismo la teoría y la práctica. Reunir en una misma persona el poder político y la filosofía, he ahí la clave. Que los filósofos lleguen a ser reyes y los gobernantes filosofen genuina y adecuadamente. Sin la unión de la filosofía y la política no habrá fin para los males del Estado ni para los del género humano, pronosticaba el gran filósofo.

La crisis que afectaba a Atenas obligó a Platón a enfrentar desde el punto de vista filosófico la solución, imposible de encontrarla desde el referente político. Superar la crisis consistente en el deterioro de la noción correcta de justicia era un asunto que sólo la filosofía podía superar.

Miremos esos signos en el libro El mito del rey filósofo del escritor colombiano Danilo Cruz Vélez, donde analiza de manera muy clara las ideas de Platón. Los signos que identificaban la crisis de esa época guardan una gran similitud con la situación colombiana a pesar de 2400 años de diferencia.

1. “El hecho de que la polis hubiera caído en una especie de ádikos bíos, en una existencia de espaldas a la justicia.

2. El deterioro de la eticidad y de la moral en la coexistencia de los ciudadanos.

3. La no observancia o la violación impune de las leyes de parte de los ciudadanos y de los jueces.

4. La corrupción de los usos y costumbres.”



Después de rechazar el gobierno tirano surgido de la crisis por sus excesos criminales, Atenas ve llegar un gobierno democrático que cae en el error de sacrificar a Sócrates, Maestro de Platón y quien era considerado por éste como “el hombre más justo de su tiempo”, esto sucedía en el año 399 a. C. cuando Platón tenía 28 años de edad. Conmovido por la pena abandona a Atenas y la política, debido al peligro de muerte que representaba su lucha por la justicia. Se dedica al estudio de la filosofía y los viajes a otros países. Al regresar a Atenas funda la Academia en el año 388 a.C. Durante medio siglo Platón es escritor y maestro de filosofía, exceptuando algún período de incursiones políticas en Sicilia. Muere en Atenas en el año347 a. C.

Sabiduría, justicia y filosofía en lugar de politiquería requiere nuestra patria si decidimos solucionar su grave crisis.

(1) Cruz Vélez Danilo, El Mito del rey filósofo, Editorial Planeta

(2) obra citada

(3) obra citada

*Ingeniero civil, Escritor